La escritora Higuchi Ichiyō da voz a estas mujeres a través de sus
relatos, abriendo para sus lectores una ventana a la realidad de uno de los
barrios rojos de Tōkyō en la era Meiji. Haciendo uso de un lenguaje sencillo y
escenas cotidianas, nos guía a través de las calles de Yoshiwara y sus gentes,
al tiempo que refleja en sus páginas su amplia formación literaria. Su obra,
aunque no muy extensa debido a su temprano fallecimiento, fue reconocida por un
mundo en el que desde hacía siglos la literatura sólo tenía nombres masculinos,
devolviendo a las autoras a la escena literaria y recogiendo el testigo de
grandes escritoras como Murasaki Shikibu o Sei Shonagon del periodo Heian.
De sus obras podemos destacar su diario, al estilo Heian,
donde dejó constancia de sus desventuras, junto con 21 relatos y varios
centenares de poemas. De estos relatos, la mayoría podemos encontrarlos ya
traducidos al español. La editorial Satori los reúne en dos volúmenes, acordes
a dos etapas de su vida: el primero, Días de Nieve, contiene los
escritos entre 1892 y 1894, y destacan por ser excesivamente clásicos y
sentimentales; y el segundo, Cerezos en la oscuridad, que contiene
los de 1894 en adelante. Fue en este año cuando se trasladó con su familia al
barrio del placer de Yoshiwara, lo que permitió a Higuchi contemplar a diario
la vida cotidiana de sus gentes, ambientación en la que transcurren las
historias de este libro, caracterizadas por su cercanía a la modernidad y su
vistosidad y colorido. Éstas fueron sus últimas obras, donde plasmó una clara
conciencia de género y de clase.
Por ejemplo, Midori, la joven protagonista del relato Dejando atrás la infancia, es una chica de unos 13 años cuya hermana es una geisha, acostumbrada a ver a la gente ir y venir del barrio de Yoshiwara y rodeada por un mundo que la ha hecho madurar apresuradamente. De ahí que ya sea consciente de cuál será pronto su destino y las cargas que conlleva, sin que pueda hacer nada para cambiarlo. En el mismo relato podemos apreciar cómo incluso los niños del barrio, quienes se dividen en las bandas de la calle principal o de los callejones, ya saben que las clases también existen para ellos.
Estas obras no constituyen una literatura de denuncia directa, pero sí son lo suficientemente sensibles como para dar voz a las problemáticas sociales que están detrás de cada relato. Se trata de una literatura que nos permite ver, a través de los ojos observadores de Higuchi en este barrio, todas estas tensiones que provocaba la llegada de la modernidad a Japón. Esta escritora nos transporta a su época empatizando con unos personajes que no podrían ser más humanos, sin juzgar, pero dando suficiente información y con la suficiente sensibilidad como para que podamos comprender las dificultades que afrontaban las personas de su entorno y ella misma.
En mi opinión, gracias al lenguaje sencillo y la cotidianidad de sus escenas, consigue sumergirte con rapidez en la historia, haciendo que te resulte realmente fácil comprender a sus personajes y ponerte en su piel. Además, a menudo parece dirigirse directamente al lector, haciendo algún comentario sobre alguien o alguna situación, o como si ella misma les dijera algo a los protagonistas. Este recurso me sorprendió mucho en una obra como ésta, a caballo entre lo clásico y lo moderno, al tiempo que consiguió atraparme todavía más en su lectura, como si de alguna manera el lector también formara parte de la escena.
Por otra parte, también me ha encantado cómo describe y orienta la ambientación, contenida en una aparente calma, como en escenarios estáticos, en los que se entrecruzan los destinos aciagos de sus personajes, quienes se ven obligados a llevar una vida de la que no se sienten dueños. Para hacer estos relatos todavía más especiales, la autora los deja sin un final cerrado, a menudo no sabemos qué caminos van a seguir los protagonistas o qué será de ellos, lo que te deja con un sabor agridulce; si bien, al mismo tiempo forma parte de su propia experiencia, ellos tampoco saben qué pasará al día siguiente, así que terminas viendo su vida desde sus propios ojos y con el corazón igual de encogido.
Y hablando de finales, ya no me alargo más, si quieres sumergirte en el Japón Meiji a través de su literatura, Higuchi Ichiyō es una de sus voces imprescindibles. Y para las excusas que ya me veo venir, Chidori Books tiene una edición digital donde reúne los relatos ambientados en Yoshiwara bajo el título Crecer.



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